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¿Cómo tomo las decisiones en mi empresa?

Hay dos características que definen a un empresario: por un lado, se juega su patrimonio y, por otro lado, es él quien toma las decisiones más importantes de su empresa.  

Aquella persona que invierte, pero que no toma decisiones, es un inversor. Y aquel que tiene poder de decisión, pero no sobre su patrimonio, es un directivo 

Las decisiones están basadas en una combinación de hechos objetivos y de valoraciones subjetivas basadas en la experiencia y el buen juicio, y pueden equipararse a solucionar cuatro tipos de problemas:  

  • Simples. Son problemas que tienen una única respuesta. Por ejemplo, ¿cuánto hemos facturado el primer trimestre? Consultando el programa de gestión podemos conocer la respuesta de forma rápida y fácil.  
  • Determinísticos. Solo tienen una respuesta, pero para obtenerla hay que usar un procedimiento adecuado. Saber cuál es el coste de fabricación de un producto requiere conocer técnicas de contabilidad presupuestaria y de costes, pero existe poca incertidumbre en su aplicación. 
  • Abiertos. Existen diversas respuestas, y todas pueden ser identificadas. Identificar la respuesta correcta es más complejo, porque requiere de una valoración subjetiva. Saber qué trabajador es el más indicado para ser promocionado no es fácil. La decisión puede apoyarse en pruebas psicotécnicas, en un estudio que evalúe las competencias de cada candidato, pero también es necesario el buen juicio del evaluador para acertar con el candidato adecuado. 
  • Indeterminados. Ante estos problemas existen diversas respuestas, pero no todas pueden ser identificadas. La decisión puede tomarse revisando las opciones posibles, pero puede que la respuesta correcta ni tan siquiera se haya valorada porque no se encuentra entre las opciones consideradas. Para un constructor de segundas residencias, saber cómo afectará a su actividad las futuras regulaciones legales para paliar el cambio climático es un ejercicio con una alta carga de incertidumbre.  

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Cuanto mayor es la incertidumbre existente, y mayor es la proporción del criterio personal que se usa para resolver un problema, la probabilidad de cometer un error crece de forma importante 

Los humanos cometemos errores de juicio constantemente. Nuestro criterio está influenciado por muchos factores de los que somos poco conscientes, como el sesgo, el estado de ánimo, el contexto, una percepción incorrecta, etc. 

Ante un mismo problema planteado en diversas ocasiones a lo largo de un espacio de tiempo, podemos dar respuestas contradictorias. De hecho, existen claras evidencias que demuestran que delante de un problema repetido, el margen de error de usar normas predefinidas es mejor que recurrir a la opinión de expertos.  

Está demostrado científicamente que ante delitos idénticos, los jueces dictan sentencias muy distintas; ante los mismos síntomas, los médicos pueden emitir diagnósticos contradictorios. Y ante el mismo panorama del mercado, un mismo jefe de ventas puede hacer previsiones dispares. Donde el juicio de la persona entra en juego, el ruido –el causante de la variabilidad de las decisiones – hace sentir su presencia. Y en nuestros juicios diarios hay más ruido del que puede parecer.  

Al contrario de los problemas complejos, los problemas simples pueden resolverse disponiendo de la información y la técnica adecuada. Pero si no se dispone de la información y las técnicas necesarias para resolver este tipo de problemas, el empresario no puede tomar decisiones acertadas; de hecho, sin información, un problema simple o determinado se convierte en uno de indeterminado.  

Consciente de ello, con frecuencia el empresario deja de tomar decisiones en este ámbito; no tomar decisiones implica continuar apostando con mantener la situación existente, que muchas veces es la que se quiere cambiar. De este impasse no pueden esperarse resultados positivos.

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El caso extremo es cuando el empresario solo tiene tres indicadores sobre los que tomar decisiones. La cifra de ventas (aunque no siempre la mira), la previsión de tesorería a quince días vista y el pool bancario. Llevar la empresa así es gestionar confiando en la suerte.  

Los motivos de no disponer de información estructurada y válida son varios. El desconocimiento de la utilidad del control de gestión es la causa principal, lo que provoca que la empresa no se dote de personal con las competencias necesarias, de procesos y de herramientas adecuadas para responder de forma clara a problemas simples y determinísticos, y que también aportarían la información que, combinada con la experiencia y el buen juicio del empresario, permitirían resolver los problemas abiertos e indeterminados. 

Un ejemplo claro es el uso que se hace en la empresa del sistema ERP. Un sistema limitado a la contabilidad, mal llevado, proporcionará un soporte muy pobre. Un ERP completo pero mal parametrizado y poco comprendido por los usuarios, producirá resultados aún peores.    

Para que el empresario pueda tomar las decisiones acertadas ante cada tipo de problema es necesario que implante un sistema de control de gestión que le aporte los datos necesarios.  

Es muy frecuente en el mundo empresarial la existencia de PYMES con sistemas de control totalmente inadecuados para proporcionar al empresario la información de calidad que le permitan tomar las decisiones adecuadas para dirigir la empresa y salvaguardar su patrimonio.  

¿Necesitas ayuda para tomar las mejores decisiones en tu empresa? Contáctanos. 

Nueva llamada a la acción

Creado por: Eduardo Millán Jun 4, 2021 9:00:00 AM
Eduardo Millán
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