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¿Cuándo es conveniente disponer de la opinión de un experto?

A lo largo de la vida de una empresa, siempre surgen momentos difíciles: la causa puede hallarse en la propia empresa, o bien una problemática afecta a todo un sector, o a veces es toda la economía del país la que sufre penalidades. Sea cual sea el origen, la empresa ha de afrontar unas consecuencias negativas más o menos repercusiones graves, más o menos duraderas.

El empresario es plenamente consciente de estas dificultades; el problema es que a veces se acostumbra a ellas, a veces piensa que sufrir es lo normal, cuando esto no debe ser así. Una cosa es dedicar muchos esfuerzos para construir un proyecto ilusionante y otra es dejarse la vida para mantener la empresa a flote.

Un tema muy importante es que los problemas pueden resolverse cuando son pocos y pequeños o medianos. Cuando son muchos y todos de grandes dimensiones, cuando están muy enraizados en la organización empresarial, las opciones de supervivencias costarán mucho más y se le deberán dedicar esfuerzos muy serios.

Podemos ver cuáles son los síntomas que alertan de que se están “cociendo” problemas serios, aunque de momento el empresario no los perciba como tales.

Incremento del endeudamiento sin una justificación clara.

Esta conjunción es una alerta de primer nivel. Una empresa puede requerir mayor financiación externa porque está creciendo (necesita financiar más capital circulante) o bien porque está invirtiendo (necesita financiar las inversiones). Pero si no crece o lo hace muy poco y no está realizando inversiones, las necesidades de financiación externa NO deberían aumentar.

Con unos estados financieros bien confeccionados, es relativamente sencillo encontrar la causa. Pero por desgracia, la mayoría de las PYMES no llevan la contabilidad al día, esta no refleja la realidad de la empresa y el ni empresario ni nadie de su equipo no le dedica tiempo de forma periódica a estudiarlos y entenderlos. El resultado es que a veces la empresa lleva varios ejercicios con resultados negativos sin que el administrador sea consciente de ello. La forma que tiene la empresa de “quejarse” es pidiendo más dinero, por lo que se recurre al banco para que lo facilite.

Este camino es muy negativo: aumentan los gastos financieros, el empresario debe avalar personalmente ( y a veces los bancos hacen que su cónyuge también avale) y todo nivel de endeudamiento tiene un límite, que el empresario detecta cuando los bancos ya no le financias más.

Esta situación debe evitarse, porque si no se corrigen las causas de origen (las mayores necesidades de financiación, ya sea por pérdidas económicas o por degradación del comportamiento variables clave) la empresa está cavando su propia tumba, y el empresario está poniendo en riesgo su patrimonio personal y el de su familia.

El empresario tiene una calidad de vida muy mala

Muchas veces el empresario recuerda con una cierta añoranza los primeros años de su empresa; eran pocos trabajadores, las cosas salían bien y la gestión no era muy complicada. Pero los años pasan y el crecimiento de la empresa ha provocado que la calidad de vida del empresario empeore de forma clara. Siente que todas las decisiones (las importantes, las que no lo son tanto y a veces hasta los detalles más pequeños) deben pasar por él. Siempre tiene que estar empujando a todo el mundo, debe de estar atento a todo lo que pasa en su empresa, en sus clientes, en sus proveedores, en su personal y en sus bancos. También siente que, si él no hace determinadas cosas, éstas no se harán bien. El resultado es que la jornada laboral puede durar más de diez horas diarias, los fines de semana son mucho más cortos y que las vacaciones anuales quedan reducidas a un puente largo.

Esta es una situación no sostenible, ni para el empresario ni para su familia. Cuando el empresario es joven (pongamos, hasta los 50 años), la situación aún puede aguantarse; pero después este ritmo de trabajo pasa un peaje cada vez mayor a la salud física y psíquica del empresario. Se pierde ilusión por la empresa, la toma de decisiones estratégicas se convierte en una agonía y se trabaja en modo “piloto automático” para el día a día.

Aunque la empresa tenga buenos resultados, esta situación de mala calidad de vida de be de cambiar. La buena noticia es que está muy claro cómo hacerlo, la mala noticia es que no es fácil que el empresario pueda hacerlo solo.

Caso de éxito en una pyme del sector del transporte

 

La mayor parte del personal no está comprometido con el proyecto empresarial.

Esta es una queja muy común en todas las empresas. A medida que el personal con más antigüedad y más experimentado se va jubilando, y van incorporándose nuevos trabajadores, la diferencia de actitud entre ambos grupos es muy notable, con consecuencias negativas para la realización de los trabajos. Otras veces pasa que a la empresa le cuesta mucho mantener a los trabajadores más competentes, mientras que los que presentan más carencias (poco oficio, actitud pasiva, resistencia a asumir responsabilidades, alto absentismo, ..) se quedan; de hecho, a veces se produce un “proceso de selección de personal” negativo, con los mismos resultados negativos que en el ejemplo citado anteriormente.

La pérdida de personal competente y experimentado crea confusión en la empresa, la calidad de los trabajos desciende, el nivel de servicio empeora y nadie parece satisfecho. Y para acabar de empeorar las cosas, a veces el empresario se diente prisionero de su plantilla, a la que por antigüedad o por dificultad de substitución tiene que aguantar actitudes totalmente fuera de lugar.

La solución no es inmediata, pero con cambios organizativos claros que aborden el problemas desde varios puntos de vista, la situación puede enderezarse.

El momento de actuar

A estas situaciones no se llega de un día para otro. Los problemas empiezan pequeños, y si no son atajados a tiempo, con los años van acrecentándose hasta convertirse en un monstruo el cual es muy difícil de derrotar. El empresario no sebe esperar a quedarse sin margen de maniobra, ya sea económico o social, para buscar de forma seria un remedio. El empresario con frecuencia no puede escoger los problemas a los que debe enfrentarse, pero si puede elegir el cómo y el cuándo responder a ellos. Esperar a que las cosas mejoren por si solas no es una opción válida: la esperanza no es una estrategia. El contactar con la opinión de un experto, que no tenga una vinculación emocional con la situación y que aporte experiencia de otros casos parecidos, es una opción muy válida.

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Creado por: Jordi Gavaldà
Jordi Gavaldà
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Topics: Recursos Humanos, Dirección

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