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Vender la empresa a los directivos o trabajadores: cómo se hace

Para el empresario, la venta de su empresa tiene un componente racional y otro emotivo. El vendedor quiere obtener el máximo rendimiento a los esfuerzos que ha invertido a lo largo de los años; pero también quiere que la empresa quede en buenas manos, y que el equipo humano que ha colaborado con él disfrute de una seguridad laboral razonable con la nueva propiedad.

Encontrar un comprador para mi empresa

Encontrar un comprador para una empresa implica alcanzar en una fecha determinada un acuerdo con un tercero para que éste satisfaga un precio. El perfil ideal de comprador es el de una empresa que pueda encontrar sinergias en la operación o un inversor atraído por la rentabilidad de la sociedad. En ocasiones, traspasar la empresa a la familia no es una opción deseable, por falta de relevo generacional. Encontrar al comprador que satisfaga los dos requisitos de precio y seguridad no es fácil.

Si el comprador es una empresa del sector, éste integrará las operaciones de ambas compañías, buscando los máximos ahorros que ayuden a financiar el importe de la compra. Según los casos, esto puede implicar amortizar más o menos puestos de trabajo, trasladar el trabajo de departamentos completos a la empresa compradora, o incluso el traslado de las instalaciones y personal a otra ubicación.

La búsqueda de un comprador debe ser un proceso confidencial. Si el mercado sabe que una empresa está en venta, los clientes y proveedores pueden sentir una inquietud sobre su futuro y, en todo caso, no es deseable que este estado de interinidad se mantenga por largo tiempo.

Vender la empresa a los directivos y trabajadores es una vía que debe ser explorada. No está exenta de dificultades y riesgos, pero es una posibilidad que, bien planteada, puede llevar a obtener acuerdos satisfactorios.

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¿Es mi empresa atractiva para una posible venta?

La empresa debe ser atractiva para los compradores, y para que este tipo de operación pueda plantearse es necesario que la sociedad cumpla algunas condiciones básicas:

  • La empresa debe ser rentable, o tener un alto potencial que le permita mejorar en poco tiempo. El nivel de capitalización debe ser adecuado, sin que se requiera financiación adicional en el corto plazo. 
  • La financiación bancaria de la empresa no debe estar condicionada a proporcionar garantías personales. 
  • No deben existir pleitos que puedan implicar el pago de importantes cantidades de dinero en concepto de indemnización civil, laboral o de otro tipo. 
  • Disponer de un equipo humano con el compromiso, calidad humana, liderazgo y posibilidades de asumir la operación. Estas competencias no se improvisan, y es necesario que la empresa se haya dotado a lo largo del tiempo de personas con este perfil. 

Las ventajas que ofrece esta opción son las siguientes: 

  • Los directivos de la empresa tienen un interés propio y legítimo en la continuidad de la organización. Este hecho es aún de mayor relevancia si tienen una antigüedad media o alta. 
  • Los posibles compradores conocen bien al personal, los productos, los clientes, los proveedores, los bancos, lo que funciona bien y lo que debe ser mejorado. 
  • Existe una relación de confianza entre vendedor y compradores, que puede facilitar el llegar a un acuerdo. 

Pero la compra de la empresa por parte de su personal también presenta dificultades: 

  • Cuanto más personal esté involucrado en la compra, más compleja será ésta y más largo será el proceso de negociación. El número ideal de compradores no debe ser superior a cinco. 
  • Pueden presentarse dificultades para financiar la compra. Unos trabajadores pueden no tener el capital necesario para adquirir la sociedad, con frecuencia debe recurrirse a la financiación bancaria y no es fácil asumir para todos los interesados determinadas cantidades. 
  • La relación de confianza entre comprador y vendedor también tiene su lado negativo. La emotividad de la relación y el conocimiento -siempre subjetivo- de las interioridades de la empresa, puede dificultar el acuerdo en determinados aspectos clave como son el precio y los plazos de pago. 

La venta de una empresa no es un proceso improvisado

Aunque el empresario puede encontrar una buena vía vendiendo la empresa a los trabajadores, es muy aconsejable mantener ciertas fases de un proceso formal de compra venta.

Por ejemplo, es necesaria la realización de un proceso de due diligence y la determinación de un precio de venta, por las mismas razones por las que se llevan a cabo estos procesos en operaciones con terceros. Proporcionan una visión profesional y objetiva de la realidad, eliminando opiniones personales y centrando a ambas partes en los aspectos que crean valor en la operación.  

También pueden darse fórmulas mixtas, en las que la propiedad de la empresa pasa en parte a los directivos y en parte a un tercero (inversor, empresa complementaria, etc.) que puede complementar al equipo humano de la empresa. Cada posibilidad es una oportunidad que debe ser estudiada. 

La venta de la empresa a sus directivos es un proceso que requiere discreción y capacidad de discernir previamente la posible respu

esta a la propuesta. Es una vía que no se improvisa, y que a lo largo de los años anteriores al inicio del proceso de venta se ha debido considerar, valorando las circunstancias, la ambición y la necesidad de los directivos ante esta posibilidad.  

En este caso, la improvisación solo creará inquietudes que pueden asustar al personal, con resultados negativos para la empresa y su posible transmisión. 

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Creado por: Jordi Gavaldà Jun 28, 2021 9:00:00 AM
Jordi Gavaldà
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Topics: Consultoría de gestión empresarial

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